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El nervio vago, el más grande de los nervios en los seres humanos, ha sido motivo de interés y estudio en los últimos años, debido a su influencia en muchos de los procesos de nuestro organismo.

 

Considerado una súper carretera de información* inicia en el tronco encefálico y sus últimas ramificaciones alcanzan los órganos sexuales, pasando por la cara, la garganta, los pulmones, el corazón, la vesícula, el páncreas, el estómago, y el intestino tanto grueso como delgado, controlando la mayor parte de las funciones autónomas de nuestro cuerpo.

 

Curiosamente, la mayoría de las neuronas o células que conforman este importante nervio son de carácter aferente, es decir, que transmiten información de estos órganos hacia el cerebro (hasta un 80%) y en menor cantidad en sentido inverso, del cerebro hacia estos órganos (apenas un 20%)

 

La función del nervio vago se asocia a la actividad parasimpática, la cual nos permite pasar del estado de alarma que aparece cuando nuestro sistema simpático se pone en acción, y que es necesario para la supervivencia, al estado de calma o relajación, con lo cual le permitimos a nuestro organismo conservar el equilibrio. Por decirlo de alguna manera, el sistema simpático es el pedal del acelerador mientras que el parasimpático, que actúa por influencia del nervio vago, es el pedal del freno. Como es de suponer, ambos son necesarios para conducir y avanzar en la vida.

 

Pero el nervio vago tiene también otra importante función, que es la de controlar la inflamación de nuestro organismo. La inflamación, tiene por si misma efectos protectores pues lo que hace es evitarnos un daño mayor, pero cuando es excesiva o incontrolable puede poner en riesgo nuestra salud.

 

Tal es el caso de la problemática en torno al Covid19. De acuerdo a reportes médicos, los daños más importantes provocados por el virus, no son en cuanto al virus en sí, sino a la respuesta inflamatoria que se produce en nuestro organismo. A esto se le ha llamado “tormenta de citoquinas”.

 

Las citoquinas, son proteínas encargadas de regular la función de otras células, pero cuya función a su vez está mediada por el nervio vago. Y cuando éste no funciona correctamente, se produce entre muchas otras cosas, la llamada tormenta.

 

Procurar el buen funcionamiento de este nervio podría entonces contribuir a regular la inflamación de nuestro organismo, tanto en forma preventiva como presumiblemente, en términos de tratamiento.  

 

Esta ha sido la hipótesis de algunos investigadores que han propuesto la estimulación del nervio vago como parte del tratamiento de los pacientes afectados por el Covid19. De acuerdo a un estudio publicado en el Journal de Neuromodulation basado en dos estudios de caso, dicha estimulación podría proveer beneficios clínicos.

 

Uno de los investigadores señaló que mientras no exista un antiviral o vacuna efectiva contra el virus, resolver la “tormenta de citoquinas” continúa siendo una prioridad.

 

La estimulación del nervio vago ha mostrado su efectividad en otros procesos inflamatorios tanto en modelos animales como humanos, incluyendo el Trastorno por Estrés PostTraumático, la enfermedad de Sjogren, la artritis reumatoide y los accidentes cerebrovasculares.

 

En el primer caso reportado, la estimulación del nervio vago fue utilizada por el paciente para ayudar en su recuperación después de haber sido dado de alta del hospital, lo cual además le permitió descontinuar el uso de opioides y antitusivos (medicamentos para la tos).

 

En el segundo caso, el paciente reportó un significativo alivio en relación al dolor en el pecho y la dificultad para respirar después de 5 minutos de utilizar este tipo de estimulación. El también observó cómo mejoraba su habilidad para limpiar sus pulmones cuando utilizó la estimulación del nervio vago para manejar sus síntomas en casa.

 

El investigador también argumenta que ya sea porque la estimulación promueve la broncodilatación o inhibe la tormenta de citoquinas, es razonable especular que este tipo de terapia sea una ayuda que evite la dependencia de ventiladores y la hospitalización en el caso 2. Y agrega, que cuando la respuesta inflamatoria del organismo está disregulada, la broncoconstricción puede ocurrir, lo cual limita el flujo de aire desde y hacia los pulmones.

 

“La estimulación del nervio vago puede inhibir esta constricción a través de un arco reflejo parasimpático-simpático en el que la estimulación del nervio vagal aferente provoca una liberación de catecolaminas mediada por el sistema simpático eferente que resulta en la relajación del músculo liso”

 

En segundo lugar, argumentan, que según la evidencia disponible, la vía antiinflamatoria colinérgica (CAP) es el brazo del reflejo inflamatorio basado en el nervio vago. “El uso de CAP para regular la respuesta inflamatoria se ha investigado ampliamente utilizando formas variables durante más de 20 años, [y] el uso de este tipo de estimulación para atacar las vías neuronales para tratar enfermedades inflamatorias representa la exploración más reciente de esta vía”. 

 

Staats y su equipo creen que hay suficiente evidencia científica y clínica para decir que la estimulación del nervio vago puede mejorar los resultados de la enfermedad en los pacientes afectados por el Covid19. Y dado el alto nivel de seguridad y tolerancia de esta modalidad, vale la pena considerarlo para realizar más investigación y utilización de ella. 

 

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