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Hoy en la mañana, mientras hacía un poco de yoga, escuché a la voz que me guiaba a través del video diciendo “No hurries, no worries” que en español podríamos traducirlo como “sin prisas, sin preocupaciones”.

Recientemente he leído también artículos que hablan sobre la posibilidad que nos da la pandemia de vivir una vida “simple”, otro que habla sobre si este momento debiera ser el nuevo “botón de pausa”, así como uno el día de hoy que dice que no hacer nada, es también bueno para la salud.

Al leerlos, recordé algunos artículos que yo misma escribí hace tiempo sobre estos temas en relación al balance de vida: Il dolce far niente, aquella expresión en italiano que aparece en la película de Julia Roberts, Comer rezar y amar (Elizabeth Gilbert) y que en medio de la prisa que vivíamos antes de que la pandemia sucediera, nos parecía imposible por no decir inaceptable. Nuestra adicción al trabajo y al estrés, nos impedía pensar en ello. 

Y ahora ¿de qué tienes prisa? ¿De regresar a la rutina y al corre-corre de antes? ¿De la obsesión con la agenda y de no poder disfrutar un solo día de tu comida, en calma y en paz? ¿Miedo de no ser suficientemente productivo? ¿Cual es la prisa por volver a ese estilo de vida que nos tenía al límite, y que posiblemente sea una de las razones por las cuales muchas personas han tenido severas complicaciones en su salud? ¿Sabías que el estrés sino es la causa, juega un papel importante en el 70 o 90% de las enfermedades?

¡Pero es que la economía está parada! ¿Cómo no volver lo antes posible a la “normalidad”? 

Ciertamente, este momento histórico es un desafío para muchas personas, particularmente las que se han quedado sin una fuente de ingreso, para las que sí o sí, tienen que salir a trabajar, porque de lo contrario no podrían sostenerse a sí mismos o a su familia.

Pero estoy hablando de aquellas personas que a pesar de lidiar con las dificultades que nos impone el momento, pueden sortear la mayoría de ellas. Aquellas que tienen una casa, alimento y una protección básica, pero que a pesar de ella, pasan los días de la cuarentena lamentándose, pidiendo a gritos que se les devuelva esa “normalidad” llena de prisas, de urgencias y vidas a medias.

El virus viene a reeducarnos

Nos invita a apretar ese botón de pausa, para reflexionar y preguntarnos si estamos en el camino correcto, si necesitamos hacer ajustes, para tener una vida más auténtica. Hoy que tenemos la oportunidad de pasar tiempo con nuestra familia, por qué quejarnos de quien usa el internet primero, o porque las cosas no se hacen de la manera en cómo nos gustaría. Como escribí en ese entonces, y haciendo referencia a Gretchen Rubin “los días son largos pero los años son cortos”

¿Tienes hijos pequeños? Quizá estos momentos en los que nos quejamos de la dificultad de tenerlos en casa, gritando, corriendo y haciendo desorden, los añoremos en el futuro. ¿Por qué no intentar disfrutarlos más? 

Si te parece que estoy siendo demasiado romántica y poco práctica, quiero compartirte lo que sé hasta el momento: la vida no será igual que antes, muchas industrias desaparecerán y nuevas industrias o aquellas que tengan la capacidad de reinventarse lo harán. Quizá tengamos que adaptarnos a vivir una vida más simple, algo que en mi experiencia es posible: al mudarnos hace unos años a una provincia, en lo que encontrábamos donde vivir, rentamos una “suite” en la que teníamos lo básico para vivir, y lo hicimos por un par de semanas. 

Desde luego cada familia tendrá necesidades y expectativas distintas, pero lo cierto es que de no adaptarnos a las nuevas condiciones de vida, tendremos grandes dificultades, y entonces si, la tan anunciada “epidemia de trastornos de salud mental” tendrá lugar. De ahí que, adaptarnos será imperativo. 

Mientras eso sucede, en lo que volvemos a la “normalidad” ¿podríamos disfrutar un poco más el momento? 

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