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En estos momentos, en los que el estrés, la ansiedad y en algunos casos los sentimientos de desesperanza y fatalismo proliferan, quizá te preguntes si debieras aprender a meditar.

 

La meditación, una práctica sumamente extendida últimamente, ha demostrado sus beneficios. Algunos de ellos se relacionan precisamente con la disminución del estrés, el control de la ansiedad, el fortalecimiento de la atención y de los periodos de concentración. Incluso podría ayudarte a conciliar el sueño, reducir tu presión arterial, lidiar con tus adicciones y prevenir o retrasar el deterioro cognitivo.

 

Pero ¿qué pasaría si a pesar de conocer todos sus beneficios, te resultara si no imposible, sumamente difícil en estos momentos en los que las preocupaciones relacionadas con tu propia salud, y la de tus seres queridos, así como las financieras, de cómo organizarte en casa, y en general cómo hacer frente a esta situación que de pronto se nos presenta, se agolpan una tras otra en tu cabeza, y sean precisamente ese cúmulo de cosas las que te impiden conciliar el sueño, producen que tu presión arterial se eleve y sientas el inevitable deseo de tomar una copa, fumar un cigarrillo u otro tipo de adicción, y todo ello producto del estrés y la ansiedad?

 

Es muy posible que lo hayas intentado ya, y a diferencia de las personas que lo han logrado porque quizá lleven ya tiempo, quizá meses o años, te sientas fracasado, incapaz y condenado a sufrir los estragos de esta situación. 

 

Y es justo en este punto en el que quisiera explicarte algunas cosas que quizá te ayuden a entender qué es la meditación y por qué puede resultarte difícil al principio y más en estos momentos.

 

La meditación, como la yoga y otro tipo de artes marciales contribuyen a la autoregulación de nuestra actividad cerebral. El Dr. Paul Swingle en su libro Biofeedback for the Brain, refiere que en la década de los setenta, Elmer Green en la Clínica Menninger en Topeka, Kansas encontró que las personas que practicaban la meditación producían señales de gran amplitud pero baja frecuencia cuando gracias a la meditación entraban en profundos estados de relajación. Este tipo de actividad cerebral se conoce como frecuencia u ondas theta. 

 

Los meditadores experimentados, de acuerdo a las observaciones que el hizo de grandes maestros, eran capaces de cambiar su electroencefalograma por medio de la meditación y los sanadores eran capaces incluso de afectar o cambiar el electroenfalograma de otras personas a distancia. Lo mismo descubrió Richard Davidson, cuando en colaboración con el Dalai Lama observaron la actividad cerebral de monjes budistas dentro de los cuales se encontraba Matthieu Ricard.

 

Esta habilidad, la de aquietar la mente, está asociada a la capacidad de nuestro cerebro de producir actividad de tipo theta, específicamente en la región occipital (parte posterior de la cabeza). Cabe señalar, que esta misma actividad theta, no es deseable que se observe en la región frontal, ya que ello podría producir que la persona tuviera dificultades para poner atención y concentrarse, ya que en esta zona es donde se encuentran las funciones ejecutivas, lo cual incluso podría ser un indicador de depresión.

 

La actividad theta en el cerebro en la región occipital entonces, es necesaria para que podamos meditar. Aún cuando sepamos de los innumerables beneficios de esta práctica, es posible que si tenemos una deficiencia de este tipo de frecuencias, nuestros esfuerzos se vean frustrados por la misma. 

 

¿Qué podemos hacer entonces? A continuación te comparto algunas recomendaciones:

 

  • En primer lugar, no te obsesiones con la idea de meditar. Si bien es una práctica ampliamente difundida con beneficios comprobados, no todos tenemos que meditar. Pensar esto sería equivalente a pensar que todos tenemos que vestir de cierta forma o comer la misma comida

 

  • En segundo lugar, se compasivo contigo mismo. Exigirte meditar cuando quizá tu cerebro esté literalmente en “otra frecuencia” no hará más que frustrarte y generarte sentimientos de inadecuación o incompetencia. Quizá puedas empezar, si es tu deseo, por dedicarle unos minutos cada día, tampoco tienes que hacerlo por largos periodos de tiempo

 

  • En tercer lugar, comienza con algo sencillo. Recomiendo siempre comenzar poniendo atención a tu respiración. Poner atención a tu respiración, y luego intentar que esta se torne más pausada y profunda es una buena manera de comenzar. Además, este tipo de respiración con énfasis en la exhalación, por sí misma es una forma de relajarte ya que te permite pasar del estado de aceleración al de calma. Igualmente, hace que produzcas actividad de tipo alfa, que es de hecho muy cercana a la actividad beta. 

 

Otras alternativas que puedes explorar es el uso de sonidos binaurales y la neuroterapia. En particular, el neurofeedback puede ser de gran utilidad, para ayudar a tu cerebro a producir actividad theta, lo cual te hará más fácil el poder meditar. 

Si deseas conocer qué otras alternativas te ayudarán a sentirte mejor en estos momentos puedes también leer Todo lo que querías saber sobre el estrés de la A a la Z

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